lunes, 6 de septiembre de 2010

SOBRE LA PERVERSION


n ensayo sobre la perversión humana? ¿Acaso no es una tautología juntar esos dos términos -perversión y humana-, no estamos ante una redundancia? ¿Son perversos los animales, los árboles, las plantas, los minerales...? No. Sólo es perverso el hombre (y la mujer). La reputada psicoanalista francesa-rumana Elisabeth Roudinesco recorre en su reciente ensayo Nuestro lado oscuro la historia de las perversiones, de los perversos célebres... En primer lugar se impone definir la perversión: el mal que se regodea y encuentra placer en hacerlo.

Una historia de la perversión equivale, en principio, a abordar una historia de la humanidad entera, cosa que ya acometió el lúcido escritor y brillante pirata al servicio de Su Majestad británica Sir Walter Raleigh. Luego, Borges nos legó una Historia universal de la infamia a su manera. La infamia, como pariente carnal de la perversión, criaturas ambas que cohabitan en ese lado oscuro de la condición humana, puede hallarse hoy a nuestro lado, o en nuestro interior, en el jefe y el subjefe, en el marido y la mujer, en el niño…La pirámide de perversiones observable en cualquier oficina, unidad de trabajo o negocio de nuestros días es infinita, así como en el hogar. Consignarlo sería escribir la intrahistoria de la maldad anónima que se recrea en sí misma. Mas, para la Roudinesco -autora entre otros títulos de La familia en desorden-, es de justicia mencionar a Catalina de Siena que declaraba no haber comido nada tan deleitoso como el pus de los pechos de una cancerosa, a Gilles de Rais, general de Juana de Arco, que de mariscal de Francia devino en torturador, violador y asesino en serie de niños, al Divino Marqués (de Sade) por sus actos y sus escritos, al nazismo, a Bin Laden, quien al organizar los atentados del 11-S en Nueva York pecó de goce, con su pulsión destructiva en estado virgen, sabiendo que todo ello sería filmado... Dice la ensayista que hasta el siglo XVIII el perverso es el que rechaza el orden de la procreación. Y que en el siglo XX, como ya dominamos la anticoncepción, sólo queda el Papa clamando que no tener niños es algo perverso.

ENRIQUE EL PERVERSO

Abundando en la galería de perversos, Inglaterra se está volcando en conmemorar los 500 años de la coronación de Enrique VIII, prototipo del mujeriego sanguinario, criminal en serie, maltratador regio y cultivador apasionado de la violencia de género avant la lettre. El que casó con seis mujeres, artífice de la ruptura de la Iglesia británica con el Vaticano por haberle negado el divorcio de su primera esposa, la española Catalina de Aragón, para poder contraer nupcias con Ana Bolena, a la que posteriormente cortaría el pescuezo, va a ser recordado con múltiples eventos (exposiciones, cacerías, torneos, exhibiciones de esgrima y tiro con arco, desfiles náuticos por el Támesis...) entre los que destaca por lo chocante la exposición que lleva por título Enrique VIII, vestido para matar, que acogerá la Torre de Londres, lugar siniestro donde los hubo; allí ahora se rememoran los últimos días de Ana Bolena con una representación teatral; allí estuvieron entre otros el humanista , amigo y ministro de Enrique, Tomás Moro, por negarse a ser simultáneamente jefe del Estado y de la Iglesia. Y para justificar tanto fasto, el alcalde conservador de Londres ha declarado que servirá para «recordar la capacidad de los londinenses para reinventarse a sí mismos». Sic.

SIMÉTRICOS BORGES-TOLKIEN

Un investigador argentino, Martin Hadis, dedica desde hace años su tiempo a encontrar semejanzas, simetrías y mundos paralelos entre la obra de Borges y la de Tolkien, el de El señor de los anillos. Como diría el memorable torero: «Hay gente pa tó». Existe al parece un vínculo entre los anillos de Tolkien, el infinito libro de arena de Borges, el Aleph descubierto en un sótano porteño y los Palantiri (esferas que muestran distintos puntos en el espacio y el tiempo) de la Tierra Media. Hadis, que es licenciado en sistemas, está fascinado por la fascinación que ambos literatos profesaban por los aparatos y piensa dedicar otro estudio a rastrear las simetrías, no ya entre las obras literías, sino entre las vidas de ambos.

HARRY EL SUCIO

Está Harry el Sucio de estreno. Porque Clint Eastwood siempre será Harry el Sucio. Esa reputación le acompañará a la tumba, por más que Clint haya intentado, casi siempre con fortuna, hacerse una carrera de director talentudo interesante. Ha dado ahora, a la gran pantalla, como actor, productor y director Gran Torino, y a sus 78 años cumplidos, Clint, que confiesa no haber sentido inquietud hasta ahora por los asuntos del más allá, ha revelado su iniciación reciente en esos interrogantes sobrenaturales. La espiritualidad, la religión y lo que ocurre tras la muerte le ha empezado a interesar como persona, pues en el fondo está persuadido de que hay una razón detrás de todo. «No sé exactamente de qué razón se trata, pero que existe estoy seguro».

No hay comentarios:

Publicar un comentario